Los hijos e hijas de Bodonal: una historia de emigración (II). Manolo Zambrano y el origen de un vínculo con Montmeló
En la entrada de hoy vamos a conocer a Manolo Zambrano Hernández (imagen 1)[1],
un bonalejo nacido en 1939 en la calle Altozano. Su historia es especialmente
relevante para nuestra localidad, pues fue uno de los pioneros bonalejos que
trabajaron en Montmeló y que formaron parte de los primeros pasos del
denominado “efecto llamada”, que propició un estrecho vínculo entre ambos
municipios y que perdura con fuerza en la actualidad.
Imagen 1.
Retrato de Manolo Zambrano Hernández.
Fuente:
Fotografía cedida por Manolo Zambrano Hernández.
Manolo, como él mismo expresa, no tuvo infancia, y
su contexto estuvo marcado por la dura situación que se vivió durante la
posguerra. De niño, se dedicó a cuidar ganado y a trabajar en el campo, mientras
que, en su juventud, acudía a trabajar con quien lo llamase.
(Manolo fue testigo de la realidad descrita en el artículo publicado el
pasado mes de julio, disponible en el siguiente enlace: https://bodonaldelasierra06394.blogspot.com/2026/07/los-anos-del-hambre-en-bodonal-de-la.html)
Tras finalizar el servicio militar, Manolo regresó
a Bodonal de la Sierra, donde empezó a trabajar en el campo y, posteriormente,
en la recogida de arroz en Sevilla. Fue en este contexto cuando él y dos amigos,
Epifanio Maya Florido y Félix Pereira Cid, empezaron a plantearse la posibilidad de emigrar
en busca de nuevas oportunidades laborales.
Fue así como, después
de barajar varias opciones, decidieron marcharse a Barcelona en octubre de 1962.
Sin embargo, estuvieron algo indecisos debido a las riadas que tuvieron lugar
en septiembre de ese mismo año en diversas poblaciones de la provincia de
Barcelona. Aun así, en ningún momento planearon llegar a Montmeló; de hecho, ni
siquiera sabían que existía. Su llegada al municipio catalán fue fruto de la
casualidad.
Al llegar a tierras catalanas, su primer destino
fue la ciudad condal, donde pasaron dos noches. Posteriormente, tomaron el tren
en dirección a Santa Coloma de Farners (Gerona), donde se estaban construyendo
unos túneles. Su intención era hablar con el propietario de la obra para saber
si podía ofrecerles empleo. El empresario les ofreció trabajo y, por una de
esas casualidades de la vida, en la construcción de aquellos túneles se
encontraba también otro bonalejo, Álvaro Perdigón.
Las condiciones eran bastante malas y, tras poco tiempo
trabajando en la construcción de los túneles, decidieron marcharse en busca de
un empleo que les ofreciera mejores condiciones, pues la precariedad laboral
era considerable. De esta manera, los cuatro amigos se dirigieron, con todos
sus equipajes, a la estación de tren de Sils (Gerona).
En lugar de salir todos juntos en la búsqueda de
nuevas oportunidades laborales, decidieron que dos de ellos se quedaran en la
estación para vigilar el equipaje, mientras que los otros dos emprendieran la
búsqueda de empleo con mayor libertad de movimiento. En aquel momento, además,
no tenían ningún lugar previsto donde pasar la noche.
Y así fue como, sin un destino predeterminado, bajaron
en Montmeló y se dirigieron a un bar llamado Casa Gil. Allí, los dos bonalejos
escucharon que se estaba ofreciendo trabajo en una constructora llamada Castells,
que por aquel entonces se encontraba en sus inicios. De esta manera, salieron
del bar con un empleo y se dirigieron de nuevo a la estación de Sils en busca
de sus otros dos amigos.
Sus inicios en Montmeló no fueron fáciles, pues les costó encontrar un alojamiento digno, ya que en la localidad catalana no había pensiones ni casas de comidas. Tuvieron que cobijarse en antiguas cuadras que habían sido habilitadas de forma muy rudimentaria para alojarlos. El “alojamiento” era sufragado por la empresa de Castells, y allí dormían en el suelo sobre sacos de paja. En aquella época, en Montmeló (imagen 2), apenas se recibía población migrante. El municipio estaba formado principalmente por casas y contaba con numerosas esplanadas todavía sin construir.
Imagen 2. Calle Mayor
de Montmeló. Mujer posando junto al pozo. La fotografía es de 1934-1935, pero
hacia 1962, los cambios urbanísticos fueron muy limitados, por lo que ofrece
una panorámica aproximada del Montmeló en el que llegaron los cuatro amigos
bonalejos.
Fuente: Centres d’Estudis de Montmeló (2021). Aproximació a la història de Montmeló. Segle XX (1900-1960).
Si aquellos cuatro amigos bonalejos fueron los
pioneros de una cadena migratoria que, con el paso del tiempo, acabaría
vinculando estrechamente a Bodonal de la Sierra y Montmeló y que marcaría el
devenir de numerosas familias de bonalejos y bonalejas, cabe plantearse una
cuestión: ¿qué hubiese ocurrido si Manolo, Félix, Epifanio y Álvaro nunca
hubiesen llegado a Montmeló? ¿Cómo sería hoy la historia de ambos municipios y,
especialmente, la de tantas familias que construyeron allí una nueva vida? Sin
duda, la llegada de estos aventureros bonalejos contribuyó al desarrollo de un
proceso social de gran alcance para la historia local de ambas localidades.
Con el paso de los años, Manolo dejó atrás el duro
trabajo de la construcción y comenzó a trabajar en una fábrica llamada Arcos,
que ofrecía unas condiciones laborales considerablemente mejores y que contrató
a varios bonalejos. Esto permitió que aquellos migrantes, que tuvieron que
trabajar muy duro durante sus primeros años en tierras catalanas, pudieran
labrarse un futuro, formar una familia y construir un hogar, proporcionando así
a sus descendientes un espacio de calidad y confort.
Actualmente, Manolo reside felizmente en Montmeló
con su mujer, originaria de Córdoba, junto con sus hijos y nietos. Aunque hoy
en día ya no realiza viajes a su pueblo natal, Bodonal de la Sierra permanece
en su corazón, pues allí se encuentran sus raíces y permanece vivo el vínculo
con sus orígenes. Para él, mantener ese sentimiento es sumamente importante, ya
que no quiere perder jamás los recuerdos del pueblo que le vio crecer y que también
fue hogar de sus ancestros.
[1] La información procede de varias
conversaciones mantenidas con Manolo Zambrano Hernández.
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