Bernardino Gómez Fajardo, alcalde mayor de Bodonal de la Sierra (1782-1787)
Hoy vamos a viajar a finales del siglo XVIII, cuando Bodonal pertenecía al reino de Sevilla[1]. En esta época, nuestra localidad se encontraba bajo la autoridad de distintos cargos públicos que ejercían sus funciones en nombre de la monarquía española[2].
En el gobierno local de los municipios españoles
encontramos figuras como los corregidores y los alcaldes mayores, entre otras autoridades.
Los alcaldes mayores desempeñaban funciones relacionadas con la administración
de justicia, pero, en ocasiones, surgían conflictos de competencias entre las
distintas autoridades locales, debido a las atribuciones que correspondían a
cada cargo[3].
Durante la segunda mitad del siglo XVIII, era común
que los alcaldes no estuvieran vinculados a la localidad en la que ejercían sus
funciones, con el propósito de favorecer una mayor objetividad en el desempeño
de su cargo. Por ejemplo, en la región
valenciana fueron destinados numerosos letrados extremeños[4].
En este contexto vamos a acercarnos a la figura de
Bernardino Gómez Fajardo, quien ejerció como alcalde mayor de Bodonal
de la Sierra entre 1782 y 1787.
Durante su etapa como alcalde mayor, Bernardino
impulsó diversas mejoras en la localidad: reparó una fuente pública, promovió
la construcción de un lavadero público y mejoró las entradas del municipio, donde
se encontraban varios pantanos. Asimismo, acondicionó la cárcel de la localidad
para reforzar su seguridad e intentó establecer una escuela pública de primeras
letras, que pretendía financiar con fondos municipales, aunque el proyecto educativo
no llegó a prosperar. Todo ello permite apreciar que Bernardino desempeñó sus
funciones públicas de manera activa, contribuyendo a mejorar las infraestructuras
y los servicios cotidianos de la localidad[5].
Sin embargo, su trayectoria también estuvo marcada
por un escándalo en el ámbito privado: las supuestas relaciones con una mujer
casada. En aquella época, la Iglesia católica consideraba el adulterio como una
falta grave, y especialmente cuando se veía implicado un personaje público con cierto
estatus social.
En 1786, Juan Mariño, presidente de la Real Chancillería de Granada, escribió una
carta al conde de Floridablanca, secretario de Estado de Carlos III, en la que
exponía los hechos sobre la supuesta “conducta escandalosa” de Bernardino. Además,
intervino Alonso de Solís, obispo de Badajoz, quien solicitó que Bernadino
fuera apartado de su cargo por las supuestas relaciones con una mujer casada[6].
La relación entre algunas autoridades locales y el obispo queda reflejada
también en la construcción de un nuevo cementerio en la localidad[7]
–el cementerio del Mosquil–.
Desconocemos cómo terminó este conflicto y qué
consecuencias tuvo para Bernardino. Tampoco podemos determinar, a partir de la
información disponible, si las acusaciones respondían a hechos ciertos o si existían
intereses particulares detrás de ellas. Lo que sí sabemos es que, un año
después, en 1787, Bernardino Gómez Fajardo fue destinado a la alcaldía mayor de
Huesca[8].
Este nuevo nombramiento plantea interrogantes sobre el alcance que tuvo el escándalo
y sobre las circunstancias que rodearon su salida de Bodonal de la Sierra.
[1] Martínez Díez, G (1983). Extremadura: origen
del nombre y formación de las dos provincias. Anuario de la Facultad de Derecho
de Extremadura, pp. 59-119.
[2] Álvarez y Cañas, M. L. La administración
territorial andaluza en el siglo XVIII: Corregidores y alcaldes mayores. Tesis
doctoral. Universidad de Alicante. 2010.
[3] Ibidem.
[4] Soria Mateo, S. (2013, 9 de diciembre). El
perfil del alcalde mayor alicantino en la segunda mitad del siglo XVIII;
profesionalizado, objetivo y ajeno a la ciudad. Historia de Alicante en el
XVIII.
[5] Archivo General de Simancas, sección de Gracia y Justicia,
legajo 823.
[6] Ibidem.
[7] La Gaceta de Madrid, número 17, martes 27 de febrero de 1787.
[8] Archivo General de Simancas, sección de Gracia y Justicia, legajo 823.
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